JAIRO EUFRASIO SERNA HOYOS

A veces olvidamos que el tiempo no se detiene, que la vida se nos puede ir en cualquier momento, que los seres que amamos y apreciamos tampoco duran para siempre. Por eso hoy te damos gracias señor por la oportunidad que nos diste de estrechar los lazos de amor, y entender la enfermedad de nuestro padre y esposo, como un tiempo de reconciliación, sanación espiritual y acercamiento a ti.
Nos diste Dios, la posibilidad de presenciar milagros en la unión de la oración, y nos mostraste como aceptar tu divina voluntad y crecer en la fe. Pudimos descubrir el deseo de vivir de un guerrero enamorado de la vida, que nunca perdió la esperanza.
Podríamos escribir muchas hojas, recordando con ternura el legado que recibimos de nuestro padre y esposo; un hombre justo y trasparente, con un alma caritativa, sencilla, alegre, generosa y servicial; sin embargo basta con tener la certeza, de que un corazón noble como el de el, en paz descansa, y entender que su compañía ahora es celestial y es un puente entre Dios y nosotros; su familia.
Dios, nos hiciste tan precisos el uno del otro, que con seguridad su corazón vivirá dentro del nuestro por el resto de la vida; y en los tantos proyectos que teníamos juntos, estará siempre presente.
Solo nos queda darte unas inmensas gracias Señor por regalarnos su existencia por 63 años, y por elegir tan lindo día para llamarlo a tu presencia, el 1 de noviembre, día de todos los santos, y por la paz que le concediste antes de partir.
Finalmente agradecerles a familiares y a amigos, que nos acompañaron en este paso tan difícil como lo fue el decirle ADIOS.
HIJAS Y ESPOSA.